Silencio. Metal. Tiempo. El Reloj de pared Ø40 cm en acero inoxidable Kimberly parece haber sido cincelado en una lámina de luz detenida. Su esfera de acero inoxidable con un refinado acabado cepillado efecto mate no es simplemente una superficie: es un paisaje táctil donde la mirada resbala como la yema de los dedos sobre una piel fría, satinada, casi líquida. Al acercarse, el oído casi duda de lo que percibe: un pulso apenas insinuado, contenido, como si el tiempo hubiese aprendido a transcurrir sin perturbar el aire. En su interior, un mecanismo quartz de funcionamiento silencioso sostiene esta cadencia invisible, precisa y constante, alimentada por una única pila tipo AA que, lejos de imponerse, se limita a custodiar el fluir sereno de las horas. Las agujas, ligeras y exactas, se deslizan como si acariciaran la superficie en lugar de atravesarla. Cada movimiento es una coreografía mínima, una incisión imperceptible sobre el acero, donde el instante se deposita sin ruido, como polvo de luz. Al tocarlo —o imaginar su tacto— se revela otra dimensión: una frialdad noble, densa, que no rechaza sino que invita. Es el tipo de material que guarda memoria en silencio, que envejece con dignidad, que se deja habitar por la luz y por las horas. Kimberly no marca el paso del tiempo. Lo afina.
Este modelo precisa una pila de tipo AA, no incluida. Para su correcto mantenimiento, aconsejamos la limpieza con un paño humedecido con alcohol, evitando el uso de productos químicos.
En algunos casos, las imágenes, medidas y colores, así como sus nombres, son meramente orientativos. Todo lo percibido en la pantalla puede verse alterado por muchos factores, entre ellos, el calibrado de la misma, la luz de ambiente, el ángulo de visualización, etc. Si el cliente estima conocer con detalle estos datos deberá consultar con nuestro servicio técnico, pues las devoluciones por motivos técnicos correrán a su cargo.